Amado Nervo

XXXIV

Perlas negras

¡Cállate! —dijo, posando

la diestra sobre mi boca.

—¿Olvidarte yo...? ¡Primero

la luz se trocara en sombras,

perdiera el mar sus rumores,

el rosal no diera rosas!

Pasaron algunos años,

y la luz el campo dora,

las ondas gimiendo espiran,

flores de nácar adornan

el rosal... ¡y mi recuerdo

ya no vive en su memoria!