María Eugenia Vaz Ferreira
La otra isla de los cánticos
I
Yo soy la Diosa de las azules, diáfanas calmas;
yo soy la Diosa de las tremendas, pálidas iras:
lanzo a mi antojo rayos y sombras sobre las almas;
ráfagas de auras y de huracanes sobre las liras.
Yo soy la Diosa de la Esperanza. Yo dicto al bardo
idilios dulces, selvas ardientes, himnos risueños,
llenos de aromas de almendro y rosa, de malva y nardo
cuando florece la blanca estrella, de los ensueños.
Yo soy la Diosa de la Nostalgia. Yo soy neurótica.
Yo dicto al bardo versos que surgen como aquilones,
cuando la noche del desengaño, noche caótica,
cubre su frente de Dios proscrito, con sus crespones.
Yo, silenciosa, cuando de su alma se va el sosiego,
Toco sus labios, los enmudezco, los aletargo;
y esparzo en ellos soplos de orgía, llenos de fuego;
y los inflamo con sed divina de ajenjo amargo.